sábado, 13 de noviembre de 2010

DICEN POR AHÍ....


Dicen que cuando sueñas con alguien, es porque esa persona se durmió pensando en ti...

¿Qué ocurre cuando eso sucede una noche, otra…otra más…? Pues sí, quizás para la persona con la que sueñas eres lo suficientemente importante como para merecer los últimos minutos de su pensamiento cada noche al irse a la cama. Te piensa intensa y profundamente, con la esperanza de colarse en tu mundo de sueños sin llamar a la puerta.

Los hay que te piensan porque se alegran de estar a tú lado cada día, de verte venir a lo lejos cuando es el primero en llegar al lugar donde os habéis citado, y están convencidos de que eres la razón más bonita que poseen para irse feliz a dormir a pesar de que todo lo demás pudiera presentarse turbio. También los hay que se alegran de estar junto a ti a pesar de la distancia, riéndose de cada kilómetro que os separa por haberles vencido la batalla, pues se reúnen contigo en ese mundo de sueños que la lejanía nunca logrará disolver. También los hay que te piensan porque anhelan tener el valor algún día de mirarte a los ojos y decirte que cada noche que han pasado sin ti ha sido como intentar respirar bajo el agua. Esos son los que se aferran a las sábanas con una mezcla de rabia y pasión, como si tuvieran garras, deseando hacer lo mismo con tu cuerpo en la oscuridad.

Estoy convencido de que cada noche, miles de personas se van a la cama pensando en alguien. Saltan de un sueño a otro y a veces los pueblan con aquello que no son capaces de expresar en la vigilia.

Desafortunadamente, existe igualmente un grupo de personas que piensan en alguien porque es la única forma de devolverles la existencia. Aunque de forma inconsciente, utilizan los sueños como el ave fénix sus facultades, haciendo resurgir de las cenizas a aquellas personas que han tenido que marcharse a ese lugar donde siempre es invierno. También estoy seguro de que muchas de esas personas desearían poder ocupar su pensamiento con otra cosa, pues el dolor que les produce pensar en esa persona que hoy no está, es directamente proporcional al amor que le entregaron una vez. Sin embargo, el ser humano aún no ha aprendido a controlar dos cosas que habitan en lo más profundo de su ser. A saber, el miedo y el amor.

El miedo, ese enemigo incansable que siempre nos pisa los talones.

No debe confundirse con la prudencia, pues esta última nos ayuda a encontrar la forma más segura de realizar las cosas, mientras que el miedo nos impide dar el paso de atrevernos siquiera a intentarlo…

El amor…. aquello que un día te puede dar razones para sonreír, para vivir, y otro puede hacerte sentir abatido hasta no poder decir ni basta.

Sin embargo, el miedo es más intenso y el amor más confuso cuando ambos van de la mano. Es en ese punto en el que la realidad te ahoga, cuando debes producir el último aliento del día para obtener un tipo de valor que de nada sirve en el mundo de la realidad…

Es decir…es en ese punto cuando debes ser valiente, ir a la cama y dormir… porque quizás sueñes con alguien y descubras que, a pesar de todo, esa persona está pensando como loco en ti….